
Soledad, como jabón espumoso que recorre tu cuerpo, sacas la cabeza del agua... y una vez mas, estas tu sola, ahí, en esta inmensa bañera, agitando la cabeza de un lado a otro intentando quitarte la espuma de la cara. Tu sola ante el infinito, rodeada de miles miedos por conocer, acertijos, coincidencias asombrosas y ardillas campestres adornando el camino, dando esa alegría que en todas las desdichas es tan necesaria. Una soledad sentida en primera persona, pues no hablo ya de una estúpida soledad superficial, marcada y etiquetada, hablo de esta o aquella, una soledad real. Y es gracioso a la par que patético como por diferentes sucesos, tu vida puede terminar para esta sádica sociedad, completando esa lista de los solitarios de la vida, de los señalados con el dedo índice. Y esa gente que va sola al cine, a almorzar, al cementerio, a pasear, a pasar un fin de semana a un hotel... esa gente que no comete mayor pecado que disfrutar de su compañía. Esa gente que no tiene porque sentirse sola, pues la soledad esta en nuestras mentes, no en los actos. Y cuando por casualidad nos toca, de rebote, ser esa persona que camina sola por la vida, esa persona que no tiene pareja, ni familia, ni amigos, que solo se tiene a si mismo, entonces empezamos a comprender y no antes, como la soledad solo existe en mentes que juzgan y no padecen. Pues la soledad a fin de cuentas, no es mas que estar tu solo ante ti, como siempre lo has estado y si eso produce tristeza, tranquilo que tienes todo una vida para llorar.
Karencytta!!


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